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OPINIÓ: Enfermos de la Turismofobia de Alejandro Aparicio

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unnamedTurismofobia es la etiqueta que se han inventado para definir a quien no esté de acuerdo con cómo funciona la industria del turismo. Un neologismo con el que se pretende diagnosticar una enfermedad, y por lo tanto, tratar como enfermas a todas aquellas personas que alcen la voz para mostrar dudas sobre el modelo turístico, la sostenibilidad del sistema o a quien se queje por las incomodidades padecidas derivadas de la actividad turística, por citar algunos ejemplos.

Que uno se queja del ruido que hacen las fiestas de los turistas que han alquilado el piso que está pared con pared con del dormitorio: Turismofóbico. Que uno se queja de que los veleros arrancan con su ancla la posidonea: Turismofóbico. Que hay tantos coches de alquiler que hay accesos y zonas saturadas perennemente y que, además, la ciudad se colapsa cuando hace mal tiempo y todo el mundo cambia la playa por un paseo por el casco histórico o un día de compras: ¡Turismofóbico! Y así con cualquier opinión que no sea 'que vengan más turistas (porque vivimos del turismo)'.

La gente de Mallorca hemos sido siempre muy tolerantes con el turismo, entendimos su potencial y, sobre todo, que era la fuente de ingresos que justificaba que una isla que han ido desindrustrializando siguiese siendo próspera y acogedora. Es cierto que también hemos sido o cínicos o ignorantes cuando hemos dicho 'cuando yo voy de viaje, no hago eso' y nos hemos procurado alojamiento gracias a Airbnb, la misma empresa a la que culpamos por la subida de precios de los alquileres o que criticamos que a nuestro barrio en la periferia haya llegado el trasiego de turistas con maletas y que las pizarrasde los bares tengan escrito el menú también en inglés.

La organización Arran, aprovechando la sequía estival de las redacciones de los principales medios de información, consiguió hacer llegar a la luz pública un debate habitual del día a día de quienes vivimos en zonas turísticas masificadas: el hartazgo que nos produce la saturación de turistas, que no los turistas, como quieren hacer ver los que se inventaron la palabra Turismofóbia. Como he dicho antes, hemos sido siempre muy tolerantes con el turismo, entendemos que toda esa gente que viene a conocer y a disfrutar Mallorca, a gastar sus días de vacaciones después de un año de duro trabajo, es gente exactamente igual que nosotros y nosotras: clase trabajadora con ganas de viajar, conocer nuevos lugares y pasárselo bien. Sin embargo, desde mi punto de vista, las acciones de Arran ofrecen un mensaje que queda difuminado, que cada cual interpreta como quiere y que, finalmente, se tergiversa. Se acaba entendiendo que estamos en contra de nuestra principal industria y de la gente que pertenece la misma clase trabajadora a la que pertenecemos, y no es así.

Yo no espero mucho del presidente Rajoy, pero él cree que hay gente que está en contra del turismo, como si la cuestión se pudiese plantear de forma maniquea. Sin un plan B alternativo, plantear erradicar de forma definitiva el turismo de Mallorca es como proponer erradicar la producción de vino de La Rioja, talar los olivos de Jaén o la clausura de las estaciones de esquí de los Pirineos los meses de invierno. Justo después de unas semanas en las que se publicó que ya hemos consumido los recursos de la Tierra de los que disponíamos para este 2017 (y nos queda casi medio año por delante) ¿es tan descabellado pensar en ordenar nuestro turismo y poner límites?

Se ha creado cierta psicosis con la turismofobia. Tal vez por un momento alguien haya llegado a pensar que se han organizado batidas de furiosos ciudadanos por las calles para aleccionar a los turistas que se salen de su territorio, cuando lo más parecido ha sido que el comité de fiestas de Sa Vilanova, el barrio de Esporles, propuso llevar a cabo una 'caza de guiris'. Leído así, sí que parece que en Esporles los furiosos ciudadanos hagan batidas, pero cuando te paras a leer la letra pequeña te das cuenta de que se trata de un juego en el que hay que encontrar y cazar unas figuritas de papel con forma de guiri que escondieron por el barrio. Un juego pensado para que los niños y niñas del pueblo se involucren en las fiestas a la vez que participan de una alegoría de la situación actual: 'hay tantísimos turistas, que están por todas partes: detrás de una maceta, bajo un felpudo, subido en un árbol'. A mi me pareció una idea sublime y una forma muy divertida de crear conciencia con un problema real. Bueno, pues hay gente muy dispuesta a indignarse que incluso llegó a declarar en redes sociales que iba a salir a la calle armada por lo que pudiera pasar. No sé cómo acabó la historia, sólo espero que ningún niño de Esporles la confundiera con una figurita de papel de 20cm. Seguramente todo esto no habría sucedido si el periodista que destapó las terribles perversiones del programa de fiestas de Sa Vilanova hubiese tenido alguna noticia real que contar.

Para acabar, ¿por qué este debate de la turismofobia tiene tanta repercusión? Pues porque ataca a cuestiones nucleares del capitalismo, es una trinchera más en la lucha de clases. Me explico:
-Por un lado tenemos a importantes grupos empresariales que cuantos más turistas atraigan a Mallorca, más mejorará su cuenta anual de resultados. Como casi cualquier empresa, su objetivo es el crecimiento. Y lo están consiguiendo. En 2017 la rentabilidad superará el 10%. Sin embargo, en la otra cara de la moneda está que la subida salarial pactada con los trabajadores ni siquiera iguala la inflación (es decir, están perdiendo dinero), que muchos están trabajando sin convenio colectivo y que los recursos para abastecer a un territorio finito como es una isla son muy limitados. La lógica del crecimiento choca con la realidad: llegará el día en el que no tengamos agua para todos ni tengamos capacidad para gestionar toda esa basura. Así de simple.
-Por otro lado, podemos decir que también se cumple el famoso eslogan del capitalismo "socializa las pérdidas, privatiza los beneficios". El ejemplo más sencillo lo podemos encontrar en las empresas de alquiler de coche: socializan la contaminación , la falta de aparcamiento y los atascos pero tributan en Euskadi para pagar menos impuestos. Privatizan aún más los beneficios que ni siquiera recaen en Baleares.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que aquellas personas o medios de información que acusan de turismofobia a otras personas o colectivos son quienes se están beneficiando de alguna u otra manera de la saturación turística que vivimos y, que no se nos olvide, que ellos no padecen. Ellos no comparten comunidad de vecinos con alquileres vacacionales, no utilizan los mismos servicios públicos que los turistas contribuyen a saturar ni van a esas pequeñas calas a las que si no llegas a las 8 de la mañana, una horda de turistas la habrá declarado suya. Quienes nos diagnostican turismofobia si quieren hacer turismo, lo hacen en destinos exclusivos, disfrutan de la tranquilidad del mar desde un yate, viajan en primera clase o en avión privado y desean que cierres el pico mientras cumples con tu mal pagada jornada laboral para que el año que viene pueda ganar más dinero a costa de que tú ganes menos mientras sufres las consecuencias de donde ellos sacan provecho. En definitiva, lucha de clases, y como dijo el multimillonario Warren Buffet, 'la vamos ganando los ricos.