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PEP VÍLCHEZ* La ausencia de libertades democráticas durante el periodo franquista afectó de manera especialmente dura a trabajadores y trabajadoras, al mundo del trabajo. Derechos inherentes a la propia existencia de una sociedad democrática fueron negados y perseguidos durante la dictadura. Los asalariados, los trabajadores de toda condición, no poseían entonces instrumentos fundamentales para la defensa de sus intereses individuales y colectivos.
Los derechos, universalmente reconocidos, de asociación, expresión, reunión, huelga y manifestación estuvieron secuestrados durante décadas por el régimen del general Franco quien ilegalizó las centrales sindicales históricas – CNT y UGT – prohibiendo y persiguiendo la actividad sindical. La lucha por la libertad tuvo en España, durante la dictadura, un componente esencial de reivindicación sindical y laboral. No en vano fue el movimiento sindical, la movilización de los trabajadores, quien jugó un papel determinante en la recuperación de las libertades en los años de la Transición hacia la democracia.
Durante el franquismo, la férrea persecución a las que se vieron sometidas las centrales sindicales tradicionales determinó la aparición de nuevas formas de acción sindical que se mostraron como un verdadero reto ante el prohibicionismo existente. Así, en la década de los años sesenta, de manera espontánea, aparecieron -inicialmente entre la minería asturiana- novedosas experiencias de reivindicación laboral y sindical. Las reivindicaciones laborales se vehicularon a través de unas comisiones de obreros elegidas por los trabajadores que ejemplarizaron formas activas de representación con carácter puntual, ya que una vez conseguidos los objetivos, o parte de ellos, su tendencia era a la disolución sin llegar a poseer continuidad a través de estructuras estables.
De esa experiencia nacieron las Comisiones Obreras -CCOO- que se conformaron como un movimiento sindical de carácter sociopolítico sin llegar a ser estructuras clásicas de sindicato. Una de las tácticas utilizadas por ese movimiento fue el aprovechamiento de los resquicios legales que el franquismo podía ofrecer a través de las estructuras del sindicato único denominado CNS (Central Nacional Sindicalista), es decir, los denominados sindicatos verticales donde coincidían en una sola entidad asalariados y empresarios.

En 1975, aún en vida del dictador, se celebraron elecciones para enlaces sindicales convocadas por los sindicatos verticales en las cuales participaron, en todo el Estado, miembros de las Comisiones Obreras consiguiendo sus candidatos una presencia de gran relevancia. Mallorca no fue una excepción ya que aquí se logró una importante representación en sectores como Hostelería, Construcción y Artes Gráficas que dieron como fruto una destacada actividad de los miembros de las Comisiones Obreras en las estructuras del sindicato único, acelerando el objetivo de dinamitar el verticalismo oficial desde sus propias entrañas.
Precisamente, en el sector de las Artes Gráficas el artífice principal fue un hombre, recientemente fallecido, que estaba destinado a jugar un papel sumamente destacado en la creación y desarrollo de la Comisiones Obreras como central sindical. Me refiero a Paco García. Su labor desde la secretaría de organización fue de gran importancia en un período de inicio y acumulación de experiencias en el desarrollo organizativo del nuevo sindicalismo democrático.
La actitud obstruccionista sostenida por una parte de la patronal balear propiciaron unas condiciones de extrema dureza para el desarrollo de la acción sindical. Los inicios del desarrollo de las nuevas libertades consagradas por la Constitución democrática de 1978 no estuvieron exentos de grandes dificultades para la implantación y desarrollo de la acción sindical.
La ausencia de prácticas sindicales democráticas en el seno de las empresas dificultó enormemente la entrada de la democracia en el ámbito laboral, lo cual significó una remarcable distorsión en los inicios del sindicalismo democrático, allá por los años setenta y ochenta.
Sin la dedicación y energía de muchos sindicalistas, el perfil reivindicativo y de clase del sindicalismo balear hubiera poseído menor éxito e implantación. Ciertamente, la lucha implicó un considerable esfuerzo de gran dureza que tuvo que contar con persistencia y capacidad organizativa.
La respuesta de una acción decidida y sostenida de sindicalistas como Paco García supuso una aportación inestimable en la lucha por el adecentamiento de las condiciones de trabajo y los derechos sindicales de las trabajadoras y los trabajadores de nuestras islas.

Víctima de la mezquindad de algunos, Paco García abandonó el sindicato que ayudó a crear -la Confederación Sindical de Comisiones Obreras- incorporándose a la Unión General de Trabajadores que le dio cobijo y hospitalidad en su labor reafirmando el valor sindical de un hombre entregado a la causa de los trabajadores.
El que fuera teniente de alcalde del primer consistorio democrático de Palma, Francisco García Olivares -Paco García- falleció el 1 de agosto en su domicilio tras una penosa enfermedad respiratoria. Descanse en paz.

*Militante de las Comisiones Obreras durante la dictadura franquista y confundador de la Confederación Sindical de CCOO en 1976.

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