maribel alcazar

 

En la Europa de hoy el chivo expiatorio no son los judíos, son los “inmigrantes”, de Maribel Alcázar. Publicat originalment el 15 d’octubre de 2013 a Baleares sin Fronteras.

 

La tragedia de Lampedusa es una vergüenza ante la que se rasgan las vestiduras, en público, quienes han causado estas muertes masivas. Permítanme que dude de su sinceridad. El problema para ellos es que ha puesto en evidencia su naturaleza excluyente y cruel, que se les ha visto “el plumero”.

La causa de fondo la encontramos en un sistema de poder que sigue siendo la viva representación de las teorías nacidas en su seno en el siglo XIX, pura distorsión interesada de Malthus y Darwin: quienes no tienen plaza en el banquete de los recursos no tienen tampoco derecho a la vida, sólo los más fuertes sobreviven y vencen.

Sobre esas mismas bases se construyó el nazismo, que no fue un mero accidente de la historia personal de Hitler, sino la escenificación de las profundidades de un sistema capaz de elevar el genocidio y el asesinato en masa al nivel de “ciencia y desarrollo tecnológico”. Un sistema que cambio la “ley divina” por la “ley natural”, pero solo para que cumpliera la misma función de justificar la desigualdad y la dominación.

Ahora, el chivo expiatorio no son los judíos, son los “inmigrantes”. Hoy mismo podemos leer en titulares: “El lobby de las grandes empresas culpa a la inmigración de la alta tasa de paro”. El otro día, una persona me contaba que había sido testigo, en Palma de Mallorca, de cómo la Policía Nacional estaba parando a personas con rasgos físicos diferentes, cacheándolas de arriba a abajo y avisándolas de que si no tenían trabajo debían salir del país inmediatamente. Estas personas solo caminaban por la calle y, según había observado, los hechos se producían en lugares un poco apartados de la vista de mucha gente.

La Italia de Berlusconi nos lleva un poco de delantera en el mar. Ha convertido a las personas “sin papeles” en delincuentes, igual que a quienes se atrevan a ayudarles. Excusa utilizada por los pescadores para negar el auxilio en Lampedusa. Ahora se plantean cambiar esa ley, pero ¿lo harán? ¿Cuánto tiempo necesitan para hacerlo?

¿Culpable Berlusconi? Sí. Pero culpable la Unión Europea que permite a sus Estados esta legislación, mientras controla al céntimo su deuda con los bancos y el gasto público. Recordemos también la respuesta del Consejo de Europa a Izquierda Unida sobre la muerte de Alpha Pam, en el sentido de que eso era asunto del Estado Español y que no tenía ninguna obligación de atender a inmigrantes irregulares ¡La vieja Europa solo escribió los Derechos Humanos pensando en sí misma, y ni siquiera en todos los europeos! Culpables también, en este caso de cobardía, los pescadores que obedecieron una ley injusta que cambia las leyes del mar, cuando los afectados son personas que huyen de la miseria y de la guerra.

“El escándalo y la vergüenza” fue el título de un informe del Club de Roma de 1994, en el que se abordaba la situación de empobrecimiento de millones de seres humanos en el planeta. Desde entonces “el escándalo y la vergüenza” no han hecho más que aumentar y extenderse como una mancha de aceite, hasta llegar hasta el corazón mismo de la vieja Europa. Se ha extendido en paralelo a como ha crecido la acumulación de riqueza en manos de unos pocos. Nuestros jóvenes que se van en busca de un empleo, también empiezan a quedarse atrapados en los albergues de transeúntes y hasta en los cajeros de Berlín y de Londres. ¿Qué hubiéramos pensado si en ese barco hubieran ido ellos?

¿La envoltura que nos protege del sol nos hace tan diferentes? No, pero sirve para que nos ahorremos la estrella amarilla que obligatoriamente debían ponerse los judíos para ser identificados. Para tener la sangre fría de dejar morir a alguien es necesario deshumanizarlo antes. Ahora que nos sentimos cada vez menos personas y más como un mero recurso económico amortizado a los 50 años ¿Deshumanizaremos nosotros a quienes ya ni son recurso porque han sido reducidos a la condición de residuo del sistema?

Claro que la tragedia de Lampedusa era evitable, era fácilmente evitable. Decía Ghandi que si una ley es injusta lo correcto es no cumplirla. Los juicios de Nüremberg tras la segunda guerra mundial, demostraron que sin la colaboración de miles y miles de personas sencillas el nazismo no podría haber funcionado. A nosotros y nosotras nos toca ahora elegir que papel queremos desempeñar en esta nueva etapa de la globalización de la desigualdad y la explotación ¿Vamos a consentir que usen nuestros colores de piel y nuestras maravillosas diferencias para engañarnos y dividirnos, mientras nos explotan y nos matan con sus recortes y sus leyes, lo más discreta y naturalmente posible?

Hoy la solidaridad de los que somos pueblo, tiene más sentido que nunca, porque la única forma de parar esta ofensiva de la acumulación de riqueza de unos pocos y del empobrecimiento de la mayoría, en la que estamos incluidos, es con una alianza solidaria de los pueblos del planeta. Nos necesitamos, esa es la conclusión. Hoy he podido comprobar que mientras haya seres humanos a los que explotar y hundir en el mar impunemente, mi salario, mis derechos de ciudadanía y el futuro de mis hijos tampoco estarán a salvo.

Esto no es un problema de inmigrantes. El reto es acabar con la acumulación escandalosa de la riqueza para acabar con la pobreza. Por esa vía pasaremos de migrantes a turistas.

Mientras tanto, la exhibición que la vieja Europa ha hecho de las supuestas bondades de su “civilización” y su “burbuja de bienestar”, construida a base de la dominación y explotación de otros pueblos –colonialismo e imperialismo- ha convertido a estos territorios del Norte en el paradigma “del dorado”. El mismo “dorado” que un día fueron a conquistar los viejos europeos a los mares y las tierras del Sur. De aquí salieron conquistadores, cargados con sus ballestas y su pólvora, pero hasta nosotros llegan personas buscando trabajo y un medio de vida digno, esa es una diferencia que también hay que tener en cuenta.

Para rematar el efecto llamada, en el estado español se recorta la cooperación internacional al desarrollo muy por encima de cualquier otro sector, hasta un 70% respecto a 2011. Estamos en la cola de Europa, hemos vuelto al nivel de 1990. Hemos pasado de la conquista del 0’7% a la aportación del 0’15%. En la medida que estos pueblos viven nuestro abandono también aumenta el efecto llamada hacia el Norte, supuestamente “rico”.

Con nuestros hermanos inmigrantes que están aquí nos queda una ingente tarea que realizar. No basta con salvarlos del mar o de la verja de Marruecos, también hay que romper el mito “del dorado del Norte”, el mito de que aquí está la solución. Tienen que saber que lo único posible es nuestra alianza como pueblos, nuestra convergencia en la acción y en la lucha por los derechos humanos.

Toca reventar la burbuja mental en la que estamos encerrados, la más peligrosa de todas las burbujas. Toca unir fuerzas con nuestros iguales, sean del color que sean, vengan de donde vengan. Toca analizar y afrontar lo que ocurre, incluso la economía, desde el análisis de las relaciones de poder, como base de la desigualdad. Toca desvestir a la ciencia y a la tecnología de su dogmatismo al servicio de la justificación de la explotación y la deshumanización. Toca rescatar la política del secuestro de sus profesionales y llevarla a nuestro terreno. Pero para que todo esto sea posible, sobre todo toca creer que SÍ SE PUEDE, querer que SÍ SE PUEDA y trabajar para que así sea.

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