Todo empezó un buen día en el que los trabajadores reclamaron ciertas mejoras salariales (El pacto fiscal para Catalunya). Sucedió lo que normalmente sucede, al patrón le entro por un oído y le salió por otro. Así que la indignación se apoderó del trabajador, al tiempo que crecían sus anhelos de justicia. Puesto que conseguir mejoras materiales era imposible, los trabajadores plantearon un programa de máximos para poder alcanzar las condiciones materiales justas. Planteaban la expropiación y autogestión de la fábrica como horizonte necesario (La independencia del Estado español). Pero en realidad, como trabajadores que son, hubieran aceptado las mejoras salariales que planteaban en un inicio (Pacto fiscal). En cualquier caso, necesitan abrir una mesa de negociación que el patrón niega. Así que, comienzan las movilizaciones, esta vez los trabajadores juegan fuerte, y tras una exhibición de sus fuerzas, en un despliegue y secuencia clásicos, es decir, el ABC del sindicalismo: Asamblea (1 de Octubre), Huelga (3 Octubre), y carta reivindicativa de máximos (proclamación “suspendida”), esperan que se abra la mesa de negociación. Pero claro, el patrón no se va a sentar a negociar con unos máximos sobre la mesa, necesita rebajar las pretensiones e ir a una negociación de mínimos. Para ello, hay que despedir a un par de cabecillas (detenciones de los Jordis), primero para aleccionar al resto de la plantilla, y segundo, para rebajar las pretensiones de Máximos. Ahora, con el “rehén” sobre la mesa, los trabajadores reiniciaran sus pretensiones de dialogo empezando por reclamar la readmisión (cese de la represión). Hemos pasado de plantear la Autogestión obrera y no reconocer la legitimidad del propietario de la fabrica, ha reconocer su figura, y ha recordar que se pide la Autogestión de la fábrica como alternativa a la revisión salarial no producida.

En Catalunya, son expertos en conflictos sindicales, desde antes que se fundará la CNT en 1910. A estas alturas, el juego de presión, negociación, cesión, está perfectamente sistematizado y es sobradamente conocido, tanto los elementos que lo conducen al éxito, como los elementos que producen su fracaso. Sin lugar a dudas, ahora le toca al patrón aplicar la división entre los trabajadores, el famoso “divide y vencerás”, con el “rehén” como moneda de cambio. El bloque de los trabajadores sufrirá un desencuentro de intereses comunes, se ofrecerán diferentes filtros de contratación con diferentes rangos, a unos les beneficiarán las propuestas patronales y a otros les perjudicarán. Empieza el salvase quien pueda.

Los trabajadores ya se saben divididos, sin la acción de otros compañeros en otras fábricas del patrón, saben que no pueden deslocalizar el conflicto, y con ello, se saben ahogados. Urge que una mediación pueda cerrar, al menos, unos mínimos. Pero el patrón, no acepta ninguna mediación que vaya a cristalizar ningún tipo de acuerdo, porque se saben vencedores en el conflicto. Vendrán más despidos (detenciones), y llevaremos la fábrica con unos pocos esquiroles (autonomía suspendida/gobierno de concentración). El patrón recuerda que esto pasa por intentar expropiar fábricas como si esto fuera Venezuela (Secesión), y los trabajadores, ya derrotados pero no claudicados, le recuerdan al patrón que la Autogestión de la fábrica es un derecho natural de los trabajadores al que nunca renunciarán (autodeterminación), así que ya puede ir contratando más guardas de seguridad.

Eduardo Sánchez
Secretario de Organización de EUIB

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